martes, 11 de marzo de 2014

Idus de Marzo

Para mi aquello era una mañana normal. Me desperté con la radio como hacía todos los días, pero aquella mañana la jungla de José Antonio Abellán no sonaba como todos los días, no estaban las gracietas de un programa de humor, se oían ruidos apabullados más propios de las noticias, pero como sólo tenía 9 años no entendía aquello, por lo que lo apagué, y me levanté, para felicitar a mi madre su cumpleaños.

-Mama, ¡Feliz cumpleaños!

Mi madre, aunque intentó poner una ligera sonrisa, como agradecimiento, su cara me lo dijo todo puesto que se la notaba preocupada.

-¿Qué estaban diciendo en la radio mami? Se oían muchas voces a la vez y no entendía nada…

-Han puesto unas bombas en unos trenes y han explotado en Atocha, El Pozo y Santa Eugenia.

Aquello para mi mente todavía infantil y que desconocía el mundo en el que habitaba y el futuro que me auguraba, no tenía ningún sentido ni explicación, ni en ese momento mayor trascendencia.

-Pero mamá no tienes que preocuparte, allí no iba nadie que conociéramos, y papá va en la furgoneta de la empresa ¿no?

Ella no termino de aclararme aquello y me preparo todo para llevarme al colegio, siempre solía ir solo, eran solo dos manzanas, pero aquella mañana del 11 de Marzo de 2004 me acompañó.

Al llegar al colegio empecé a tomar conciencia de la trascendencia que aquel atentado había tenido y hay imágenes de aquel día que tengo grabadas en mi memoria a fuego.

Recuerdo a Paulina preocupada por su madre y su tía que solía coger aquellos trenes, la de otros niños en la misma situación, algunos de nosotros intentando consolarlos, hasta que formando para la fila y esperando a que vinieran los profesores, veíamos que todos llegaban... Menos Vicky.

Vicky, o Victoria, era nuestra tutora, la mejor que he tenido durante toda primaria, y la típica profesora a la que le coges un cariño especial.

Empezó a correr el rumor como la pólvora de que Vicky solía venir en tren y todos nos echamos a temblar, ya que era muy puntual…

Cuando la vimos aparecer, todos nos abalanzamos sobre ella, y muchos , entre los que me incluyo, rompimos a llorar al verla bien.

Más tarde las clases de aquel día transcurrieron de otra forma ajena a lo normal, Vicky nos contó lo que había podido ver o enterarse, el director, el jefe de estudio o el profesor de guardia entraban de vez en cuando a dar mensajes de los padres o madres que habían llegado bien a los trabajos, mientras tanto nosotros tirados en el suelo hacíamos pancartas puesto que a las 12 saldríamos al patio a guardar cinco minutos de silencio.

Recuerdo aquellos minutos como si se hubiera detenido el tiempo, Josué, José Carlos, Lorena y yo sujetábamos la pancarta grande, la que estaba delante de clase, puesto que nadie quería ponerse delante. Llovía, pero no fuerte, llovía como si el cielo llorara con nosotros y quisiera limpiar nuestras ingenuas mentes y hacernos ver que el mundo no es un lugar seguro.

Las tres siguientes cosas que recuerdo sobre aquel día/aquellos días es como desalojaron el colegio al que iba a hacer Judo y donde había realizado parvulitos, como de mayor he comprendido, que por donde explotaron las bombas, los tres trenes salían de Alcalá y como aquella famosa furgoneta blanca, estuvo aparcada tanto tiempo en la estación de Alcalá, y como mi madre y yo habíamos pasado por delante de ella varias veces y mi madre comentaba que tenía pinta de estar abandonada, recuerdo cuando salió en la tele como mi madre y yo nos miramos y sin tener que decirnos nada, asentimos, como comprendiendo todo.


No soy muy dado a este tipo de entradas autobiográficas, pero hoy, diez años después, al escuchar en la radio cosas sobre aquel día, he estado con los ojos húmedos, y no he podido evitar escribir esto. Porque lo necesitaba.