Un hombre toca el violín en las calles de Granada con la
vana esperanza de ganarse unas míseras perras.
Los transeúntes pasan por su lado sin prestarle atención,
como mucho de tantos otros que piden, ese violinista para ellos es solo un “nadie”.
Sin embargo yo me quedo observándole.
Le miro, mientras miles de espadas afiladas rondan mi alma acertándome
estocada tras estocada en lo más hondo de mí.
Y mientras pienso cosas que harían enfadar a las pocas y
contadas personas a las que de verdad les importo.
Cosas como ¿Qué pinto en este mundo? ¿Para qué
sirve mi vida? ¿Por qué me siento tan solo?
Y pienso todo eso y más ideas absurdas,
autosuicidas y autodestructivas, porque me
siento solo ya que las personas a las que digo importar, solo lo dicen no lo
llevan a los hechos.
Porque no se qué pinto en este
mundo ya que soy un chico feo, calzonazos, con una personalidad difícil de
comprender, con un complejo de inferioridad enorme, y una perversión tremebunda que asustarían a
el mismo Charles Bukowski que me condenaran a la más precarias de las
soledades...
No sé cuál es el sino de mi vida
ya que mis sueños pueden ser considerados quimeras por muchos y son casi utopías
poco probables para mi mismo ya que sueño con la emancipación del proletariado,
con llegar a algo como escritor y en el mundo de la literatura . Y sé que los
sueños se consiguen luchando por lo que quieres, pero cuando se te quitan las
ganas de luchar ¿Qué te queda?
Me gustaría llevar una vida de
sexo, drogas y rock and roll pero lo más parecido que tengo a eso es una paja, una
cerveza, y mi música que es la que jamás me abandona.
Tras unos segundos de
aturdimiento en que todos esos pensamientos recorren mi cabeza, un acorde de
ese violinista me trae a la realidad. Le miro y aunque tengo problemas veo
gente que sigue intentando luchar, y yo debo o intentare hacer lo mismo.
Cojo un papel en el que le
escribo un “Gracias” le echo lo poco que tengo y continuo mi camino.
Atrás dejo a aquel hombre que toca el violín por las calles de Granada…
*La foto esta cogida de Internet no penséis cosas que no son

Me ha encantado. Cuántas veces me habré quedado idiotizada mirando a artistas de la calle pensando casi lo mismo... De veras, me ha llegado.
ResponderEliminarBuen paralelismo, a pesar de todas las pertenencias y vanalidades que nos rodean, nos vemos abocados a la soledad. Sin embargo, los músicos callejeros, con una vida tan simple e improvisada parecen no padecerla... o al menos, no les afecta tanto como a nosotros.
ResponderEliminarGrande Pablo.
Creo que a todos los que tenemos dos dedos de frente nos ha llegado.
ResponderEliminarGracias por compartirlo con nosotros Pablo.
Querido compañero: Curiosiamente más de una vez me he sentido ambién como en este texto muestras (referido al tema de soledad y decepciones de los que dicen que les importas). En cuanto a lo que pienso cada vez que veo a alguien mendigar en la calle es ¿Por qué no acabar con la caridad, hacer algo para acabar con esas "virtud" que se ha convertido en algo para ganar prestigio entre los pudientes y dejar tanta desigualdad? Quizá sea demasiado idealista... ¿Usted qué opina?
ResponderEliminarDe un gruñón cualquiera